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Comienza el colegio y con ello nuevos profesores o cambio del tutor. Como todo cambio, esta situación suele generar muchas dudas, incertidumbre y también, incluso, ilusión en los padres. «¿Sabrá entender, ayudar y motivar a mi hijo?», «¿le etiquetará?», «con lo bien que supo llevarle la profesora del año pasado…¿este también lo conseguirá?» o «a ver si este año tenemos más suerte con el tutor».

Nuestra preocupación como padres es querer conseguir y desear lo mejor para nuestros hijos. Y todo sabemos ya que una parte muy importante en el día a día de ellos se encuentra en el colegio, y más en particular, en la relación que se establece con los profesores

Los profesores juegan un papel de suma relevancia durante todo el curso. Se convierten tanto en la autoridad como en modelos de actuación para los chicos, es decir, se convierten simultáneamente en agentes que infunden respeto y al que también se busca su aprobación y su agrado. Por todo ello, es importante que los profesores comprendan, se sensibilicen y acepten a nuestros hijos, conociendo cuáles son sus puntos débiles pero también sus puntos fuertes.

El inicio del curso es un buen momento para iniciar una relación con el tutor de nuestros hijos con el fin de crear un vínculo cercano basado en la confianza y la cooperación. El objetivo es definir una línea de trabajo común que potencie su desarrollo y educación.

Por ello, os queremos ofrecer 10 pequeños consejos que desde nuestra experiencia se presentan útiles:

  1. Entiende la posición de la que partes. Debido a vuestra experiencia de años con el TDAH, es muy posible que tengáis muchísimos conocimientos e información sobre el trastorno (puede que incluso más que el profesor), pero no debemos olvidar cuál es vuestro papel inicial. Sois el padre o la madre de vuestro hijo (y así os verá el tutor) y lo que buscáis es la colaboración con el profesor, no hacerle sentir incómodo. Para todo habrá su tiempo.
  2. No juzgues sin conocer. Inconscientemente las personas etiquetamos a los demás sin tener más información. Debemos intentar no entrar en prejuicios sobre la edad, la fama que le precede, la vestimente, etc. Primeramente debemos darle una oportunidad. Nuestra experiencia nos demuestra que no debemos fiarnos de primeras impresiones.
  3. Dale un tiempo para que conozca a tu hijo. ¿Esto quiere decir que es contraproducente hablar antes de que empiecen las clases o en los primeros días? No. Pero si recomendamos esperar una o dos semanas para que el propio profesor se haga una idea de cómo es tu hijo, sin «contaminar» su opinión con las nuestras. De esta manera, durante la entrevista él ya nos podrá dar una versión más ajustada a su contacto con él. Aún así mantener totalmente libre de opiniones al profesor es complicado puesto que en muchos colegios existen contactos previos con profesores pasados (cosa que bien llevada puede ser beneficiosa).
  4. Escucha primero. En muchas ocasiones nos puede la ansiedad de querer llegar y soltar toda la avalancha de conocimientos e informaciones sobre nuestro hijo (que son muy útiles puesto que ¿quién conoce mejor a tu hijo que tú?) pero que pueden poner a la defensiva al profesor o en una posición incómoda. Primeramente escucha de manera sincera lo que él tiene que decirte, cómo ve a tu hijo, cómo tiene pensado trabajar con él y qué pretende conseguir. Pero ¡cuidado! debemos procesar la información que nos transmite sin juzgarla. Si pensamos que no es la mejor manera siempre habrá tiempo de intercambiar opiniones, pero antes dejemos que se explique adecuadamente.
  5. Dosifica la información. Tenéis mucha y muy valiosa. Debemos tener en cuenta que en la primera reunión no vamos a conseguir todo lo que pretendamos. Tendréis más o menos 15 minutos que se os quedarán muy escasos. No os preocupéis. Recordad que el objetivo de esta primera reunión es establecer un vínculo con el profesor, cambiar nuestras primeras impresiones y asentar unas bases de trabajo. Otro punto muy importante es darle la información con humildad, no debemos pretender que aplique todo lo que le digamos al momento por muy interesante y necesario que sea.
  6. Encuentra un punto de entendimiento. Siempre podréis encontrar puntos de entendimiento con el profesor. Házselo saber, le gustará y entenderá que buscas su apoyo y su colaboración.
  7. Exprésale tu agradecimiento y colaboración. Aunque no estemos de acuerdo en algunos puntos y debamos encontrar puntos de entendimiento, si es importante hacerle ver nuestro agradecimiento por su trabajo y su esfuerzo, tanto en los buenos momentos como en los malos.
  8. Ayúdale a conocer a tu hijo. Un apartado importante es hacerle ver que, cuando nuestro hijo haga algo mal, no ataque a su personalidad («eres un maleducado, vago, etc.») sino a la acción, a la conducta. Ayudémosle a conocer también los puntos fuertes y débiles para que los refuerce e ignore respectivamente y demostrémosle lo importante que es para él que su profesor tenga una buena imagen suya.
  9. Encontrad medios de mantener la comunicación. Debemos buscar y elegir una vía sencilla para intercambiar la información (agenda, correo, teléfono, etc.). Con ello buscamos tener una mayor coordinación y, por ejemplo, reforzar positivamente los logros que se han conseguido durante las clases o esa tarde en casa.
  10. Establecer medidas con los deberes. Este es un punto que tiende a generar controversia. Nuestra opinión (y así trabajamos) es que los niños con TDAH deben hacer un mayor trabajo en casa para elaborar la información a través de unas sencillas técnicas que suplan el déficit atencional. Esto es debido a los métodos de transmisión oral que se siguen en las aulas por lo que una demanda de deberes muy alta es contraproducente para ellos. Debemos encontrar un punto de apoyo donde se optimice el tiempo en casa. De nada sirve y no tiene sentido, que se tire encima de la mesa hasta las 10 de la noche o más tarde. De esta manera estaremos disminuyendo su motivación y autoestima con todo lo que conlleva. El profesor no debe verlo como una exigencia por nuestra parte, ni como una actitud en la que intentamos proteger y escabullir a nuestro hijo de las tareas, sino que debe entender que para ellos, debemos primar la calidad a la cantidad en el apartado del trabajo para casa.

10+1 Plantea la posibilidad de que acuda el profesional que trabaje con tu hijo a alguna entrevista.Siempre con el objetivo de aportar su opinión y su experiencia y enriquecer ese plan conjunto de trabajo que habéis establecido con el profesor.

Estas son algunas de los consejos más importantes a tener en cuenta. Son aplicables tanto a Primaria como a Secundaria (muchos de ellos también a Bachillerato). En el caso de la Secundaria y el Bachillerato en el que el tutor sólo da una asignatura y disponen de muchos más profesores, es importante resaltar al tutor el papel que tiene como coordinador y emisor de la información y de los acuerdos pactados al resto del claustro. En el caso en que no fuese así, es muy posible que tengáis que reuniros con algunos de los otros profesores.

En conclusión, el papel del profesor es importante pero aún más es la coordinación de estos dos ámbitos (el escolar y el familiar) que tantos efectos positivos pueden lograr en nuestros hijos. Por ello, debemos trabajar siempre en paralelo con el tutor e intentar evitar la confrontación directa con él. Ser empáticos y asertivos nos ayudará a conseguirlo. Y no debemos olvidar que en muchas ocasiones, nos encontramos con profesores desbordados por la situación (no solo de vuestro hijo sino de todos los alumnos que tienen – cada uno con sus respectivos padres y situaciones-), lo que les provoca estar en una actitud defensiva fruto del estrés. O también profesores que por falta de conocimiento (y no de interés), no son capaces o no se ven capaces de afrontar adecuadamente la situación con su hijo, por lo que unas buenas orientaciones expresadas de manera adecuada son bien recibidas y llevadas a la práctica.

Esperamos os hayan servido de ayuda estos consejos. Para cualquier duda os animamos que os pongáis en contacto con nosotros con el fin de aclarároslas. 

Equipo de Educ-at

www.educatdah.com

info@educatdah.com

autoestima

La mayoría de los niños con TDAH tienden a valorarse a sí mismo más negativamente, con más problemas, menos aceptados socialmente y menos felices que los niños de su edad. Muchos estudios demuestran que más del 50% de los niños con TDAH presentan problemas emocionales, como sentimientos depresivos, de ansiedad, inseguridad o baja autoestima.

Los niños con TDAH son más difíciles de educar y de ahí que reciban con mayor frecuencia una información negativa sobre su comportamiento y sus tareas, sobre todo en el colegio. También se les tiende a comparar con compañeros o con hermanos de manera en las que ellos tienden a salir perjudicados («¿no puedes estarte quieto como el resto de tus compañeros?» «A ver si aprendes de Carlitos», etc.) o se les confunden con niños maleducados, vagos, pasotas o tontos.

Por otro lado, los niños con TDAH viven más experiencias de fracasos que de éxitos durante su infancia. Esto se acentúa un poco más durante su etapa escolar. Se esfuerzan por hacer bien las cosas, por gustar a los de su entorno, pero los resultados no siempre son satisfactorios y cometen más errores que los otros, aunque se hayan esforzado más. Este esfuerzo sin éxito, baja su autoestima y establece en él creencias erróneas y poco ajustadas a la realidad. Es decir, se sienten indefensos, incapaces y surgen pensamientos del tipo «no sé que hacer, haga lo que haga, fracaso” «no voy a poder, con lo tonto que soy…», etc.

Estos niños diariamente también se encuentran ante tareas que implican una atención sostenida o autocontrol al que no están capacitados para afrontar, como por ejemplo, mantener la atención permanente durante una clase, lo que aumentan su sensación de frustración o fracaso.

Cualquiera de nosotros, ante una tarea en la que no nos consideramos hábiles tenderemos a afrontarlas con la convicción de que no saldrá bien, lo que afectará ya no solo a nuestro rendimiento ante esa tarea sino que nos afectará emocionalmente de una manera negativa. Por ejemplo, si yo no se patinar y un día me obligan a ponerme unos patines y realizar un circuito, yo pensaré que la caída que voy a sufrir es inevitable y que tendré que soportar las risas y burlas de los demás, lo que me hará sentir más inseguro (esto aumentará más aún mis posibilidades de caída), y más irritable respondiendo de forma más agresiva ante las instrucciones y consejos de quien está alrededor mío. A mayor complejidad del circuito mayor será mi desconfianza, mi inseguridad y mis emociones negativas asociadas a la situación. No es lo mismo pensar “como soy bueno lo sabré hacer”, que otro que piensa “no podré conseguirlo nunca”. El primero lo intentará, mientras que el segundo abandonará antes de intentarlo o ante la mínima dificultad.

Las personas tenemos dos estilos de afrontamiento ante las situaciones que nos resultan difíciles y que nos generan inseguridad: enfrentarnos a ellos o evitarlos. El niño con TDAH con una baja autoestima ante tareas que le resultan difíciles preferirá no tener que realizarlas, sacándose alguna excusa o mostrando una actitud de autosuficiencia, expresando la facilidad de la tarea lo que puede estar enmascarando la realidad. Este mecanismo de defensa más que protegerlo le refuerza sus pensamientos de incapacidad, pues al no intentarlo nunca  vivirá experiencias de superación propias tan importantes para aumentar y potenciar nuestro autoconcepto.

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA AUMENTAR LA AUTOESTIMA DE NUESTROS HIJOS?

  • Aceptar las dificultades que supone que nuestro hijo padezca TDAH, principalmente en referencia a los estudios. Dichas dificultades pueden ser suplidas con unas técnicas eficaces y la implantación de un correcto hábito. Una vez que se reconozcan estas dificultades es más fácil identificar los esfuerzos por parte del niño y elogiar cuando realiza alguna cosa bien hecha.
  • Elogiar los logros. Cualquier logro que consiga por pequeño que sea y sobretodo, aquellos que impliquen un esfuerzo, debemos reforzarlo. Desde bien pequeños, los niños realizan comparaciones entre ellos y sus compañeros y observan como el resto se les elogia un mayor número de veces. Por ello, reforzar sus logros y sus conductas positivas no solo potenciará su autoestima sino que potenciaremos la aparición de este tipo de conductas.
  • Ofrecerle mayor grado de confianza en su persona y en sus competencias.
  • Modificar nuestro lenguaje. Debemos enterrar los «no» tan temible para los niños y expresarnos de una manera positiva.
  • Evitar la acusación y hablar desde el “yo” más que desde el “tú”. Es decir, cuando estamos enfadados con él/ella, es muy conveniente utilizar la siguiente fórmula: “yo me siento…cuando tu haces….porque….”. No debemos etiquetarles, cuando haya hecho alguna mala acción nos centraremos en su conducta y no en la personalidad. Por ejemplo si un niño pega a otro no le debemos decir «Eres malo», sino «no te has comportado de la mejor manera porque has pegado a un compañero» o siguiendo la fórmula anterior «yo me siento triste cuanto tu pegas a tu compañero porque sabes que eso no debes hacerlo».
  • Potenciar actividades que se le den bien. De esta manera se sentirá competente, fomentando su autoestima y si es en grupo mejor, pues impulsará su integración social.
  • Debemos descubrir sus habilidades y aspectos positivos y ayúdele a disfrutarlo (habilidades en el dibujo, delante del ordenador, en el deporte, bailando…afectuosidad, creatividad, espontaneidad, sentido del humor y todas aquellas que seguro encontramos en un niño/a con TDAH)

Son chicos/as con mucho potencial, con muchas virtudes positivas y con talentos ocultos que suelen permanecer enmascarados por varias razones: las características propias del trastorno, la presión académica que hace que nos centremos principalmente en ese área escolar donde presenta más complicaciones y por su baja autoestima.

No perdamos la esperanza en ellos. Apliquemos el ensayo error y ofrezcámosles contextos fuera de lo escolar donde desarrollar y descubrir sus aptitudes y destrezas.

Equipo de Educ-at

www.educatdah.com

Para recibir más información sobre nosotros y nuestros servicios estaremos encantados de poder atenderles en el teléfono 665.97.55.21 o a través de nuestro correo info@educatdah.com.

 

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Llega el boletín de notas del segundo trimestre. No puede ser. He suspendido otra vez matemáticas, lengua, naturales, sociales… Ya no se qué hacer. Yo me esfuerzo, lo prometo. No soy capaz. ¿Qué más puedo hacer? No quiero repetir. ¿Para qué esforzarme si luego suspendo igual? Ya no se qué hacer. Mis padres me van a matar…

Hace unas semanas los niños empezaron el tercer trimestre en el que se puede ver cada vez más cerca el final del curso. Aquellos niños cuyas notas del segundo trimestre no fueron todo lo buenas como hubieran deseado, comienzan este trimestre con una carga de estrés adicional que les puede provocar un descenso en la autoestima y la motivación, apareciendo pensamientos tan dañinos como los del caso anterior y provocando que acaben tirando la toalla.

Por desgracia esta es una situación que más de un padre y madre con un hijo de TDAH habrá vivido. Vemos como nuestro hijo se esfuerza, seguramente más que el resto de sus compañeros, se tira horas delante de los libros y apuntes, pero llega la hora de las notas y es otro varapalo. Corremos el peligro de que surja un pensamiento tan simple como lógico: “Si estudio 4 horas y saco un 4, si estudio 0 horas, sacaré un 0. Da igual, al final son dos suspensos iguales”.

¿Y QUÉ PODEMOS HACER?

Lo primero que tenemos que hacer es ayudarles a recuperar el ánimo. Este trimestre que acaba de entrar es el más importante. Aunque desde el principio del curso se hace hincapié en la importancia de trabajar todo el curso, es el tercer trimestre cuando se decide todo. Por ello, debemos subir su estado anímico y alentar su esfuerzo.

En el aprendizaje intervienen muchos procesos cognitivos: inteligencia, memoria, atención y percepción principalmente. Estos niños presentan dificultades en el apartado de la atención el cual se puede compensar con una serie de técnicas de estudio eficaces. Por lo tanto, debemos recordar que el TDAH no es un problema de inteligencia, no es que nuestro hijo o hija no pueda, sino que es posible que no disponga de los procedimientos más beneficiosos para ellos y su esfuerzo no se vea recompensado.

Nuestra experiencia nos dice que son niños que se esfuerzan más y es una lástima que dicho esfuerzo quede oculto. Si queremos que nos hagan una bonita casa de madera, ofrecerles un buen martillo, unos buenos clavos y un espacio adecuado para su realización se antoja fundamental. En cambio, si solo disponen de una piedra y unos cuantos palillos, por mucha destreza que tengan y por mucho que se esfuercen el resultado no será el mismo.

Somos conscientes de que estos métodos deberían enseñarse en los colegios, destinar un espacio de su tiempo en enseñar unos hábitos y unas buenas técnicas de estudio. Los niños con TDAH no pueden estudiar leyendo y repitiendo solamente. Enseñarles pautas para comprender un texto, subrayar, resumirlo y elaborar y secuenciar la información por medio de esquemas les ayudará a interiorizar mejor los contenidos, a ser más autónomos y más competentes. No queremos solo niños con grandes conocimientos, sino también que dispongan de unas buenas herramientas y unas buenas competencias que les motiven y potencien un buen desarrollo personal.

En conclusión, no desesperéis y no perdamos la confianza en ellos. El curso no ha terminado. Animarles e incitarles a seguir esforzándose, a seguir intentándolo. No deben caer en la apatía, ni pensar que no pueden afrontar sus demandas escolares. Ofrezcámosles métodos y recursos que les sean útiles y les ayuden a demostrar todo su potencial académico. Que no pierdan la voluntad.

Educ-at

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Positivity / MartaZ*

Parece bastante obvio que cada persona es un mundo y es cierto que aunque sea de forma positiva el catalogar a las personas afectadas con TDAH es en cierta forma discriminar.

Por otro lado, cualquier persona que entienda sobre este trastorno sabrá que en función del componente predominante afecta de una manera determinada (sin olvidarnos de los rasgos personales más allá del trastorno).

No obstante, me he decidido a hacer esta publicación harto de ver está catalogación a la que anteriormente me he referido (Y SIEMPRE DE FORMA NEGATIVA).

Por ello, me gustaría expresar ciertas cualidades muy positivas que en estos años trabajando con niños TDA/TDAH he podido apreciar en muchos de ellos:

– En primer lugar destacaría su sinceridad. Muchas veces fruto de su impulsividad o inocencia, expresan lo que piensan o sienten de una forma sincera y lejos de criticar de forma premeditada o por la espalda. Por supuesto que ello lo tendrán que pulir pero…como nos gustaría que muchos adultos fuesen así.

– Por otro lado, destacaría su creatividad. En ocasiones caen en pensamientos poco reales (de ahí que se diga que son inmaduros para su edad), pero otras son capaces de sorprenderte con ideas extraordinarias.

– Por el contrario (y una de las características que más me soprende) es su pensamiento lógico y simplista. No son especialmente rebuscados y a veces te plantean ideas que aunque hay que luchar por cambiar y en el fondo ni son así ni ayudan, en un primer momento no puedes negar. Un ejemplo de ello es el caso de un alumno adolescente que tras un abandono de los estudios planteaba el siguiente motivo: «Me deje de esforzar porque 2h de estudio al día me daban un resultado de insuficiente y 0h de estudio al día me dan lo mismo».

– Otro aspecto destacado es la humildad. Son personas muy humildes que en muy pocas ocasiones se ven superiores al resto y que no se centran solo en ellos sin ver el mundo que les rodea. Es cierto que en ocasiones esta humildad se convierte en baja autoestima pero…que felices seríamos si nuestro entorno tuviese personas más humildes…

– Por último querría destacar una característica que posiblemente más que de forma innata poseen por lo acostumbrados que están a tener que luchar por todo, me refiero a su gran capacidad de esfuerzo (que aunque a veces no se perciba con el tiempo van obteniendo). Y es que, es fácil creer que son vagos o que no quieren hacer muchas cosas pero…¿Qué hubiese sido de nuestra vida si desde pequeños debiesemos haber tenido que luchar más que nuestros compañeros por conseguir los mismos resultados?

En conclusión, me gustaría con este artículo que poco a poco se fuese sensibilizando la sociedad de la importancia que tiene luchar por este trastorno (que de forma social aún tiene muy poca relevancia) y saber que aunque estemos acostumbrados a escuchar la parte negativa de estos niños tienen también grandes cualidades no siempre reconocidas.

Muchas gracias,

Educ-at

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Father and son playing and bonding on Bogey-Board on Morro Strand State Beach / Mike Baird

Un prestigioso psiquiatra infantil dijo una vez: “Estoy encantado de haber tenido la oportunidad de educar a ‘un niño fácil’, además de a otro con TDAH. De lo contrario, siempre habría dudado de mi capacidad como padre.”

La educación de un niño requiere años. El proceso de inculcar disciplina a un niño es permanente. A medida que se le ve crecer y aprender, desarrollareis vuestra capacidad como padres y vuestra seguridad se incrementará. Si a las propias dificultades de educar, le añadimos las complicaciones del TDAH, ¿se convierte en una misión imposible?

Obviamente, no existen recetas milagrosas ni consejos simples sobre cómo educar a nuestros hijos, tengan o no TDAH.

En este post, intentaremos dar unas orientaciones generales que podéis llevar a cabo y que nos han demostrado, a través de la experiencia, su utilidad. Son consejos que se pueden aplicar para todas las edades, no obstante, en próximas entradas del blog comentaremos algunas otras para afrontar la etapa de la adolescencia. Algunas de las sugerencias son las siguientes:

  • Proporcionarle una estructura y supervisión diaria. A la mayoría de niños con TDAH, les cuesta organizarse, por lo que se verán beneficiados de una mayor estructuración y supervisión. Tener un horario y unas rutinas les facilitará afrontar mejor sus responsabilidades en la vida.
  • Captar su atención. No conseguiremos nada de un niño con TDAH a menos que consigamos captar su atención.
  • Hacer preguntas. Para cerciorarnos de que ha comprendido las instrucciones, normas o en qué consiste la tarea, es conveniente hacerle alguna pregunta o pedirle que repita lo que ha entendido.
  • Negociar unas normas y sus consecuencias. Las reglas deben ser directas y sencillas. Hay que implicar al niño en la selección de normas y en sus consecuencias.
  • Darle advertencias y un margen de tiempo. En las generaciones actuales parece que no surten mucho efecto las imposiciones como “hazlo porque lo digo yo”. Resulta más efectivo advertirles y darles un margen de tiempo para realizarlo. Si no lo llevan a cabo, se deberán llevar a cabo las medidas pactadas.
  • Aplicar contingencias inmediatas. Cuando el niño con TDAH está ante un trabajo que le parece pesado, aburrido o poco reforzante, siente el impulso de buscar algo diferente en que entretenerse. Saber buscar refuerzos positivos adecuados será clave en este proceso.
  • Dar refuerzo con una alta frecuencia. Para los padres es muy sencillo insistir a su hijo sobre las cosas que no está haciendo bien, pero les resulta complicado ofrecer refuerzo positivo de forma frecuente e inmediata. El secreto de una buena disciplina es reconocer, reforzar y recompensar la buena conducta. Disciplina no es sólo castigar, sino modificar el comportamiento incentivando la mejora.
  • Utilizar la recompensa más que el castigo. La estrategia habitual de recurrir al castigo en respuesta a un mal comportamiento, es adecuada siempre y cuando su hijo se porte mal ocasionalmente. No podemos olvidar que más que la extinción de una mala conducta, buscamos la aparición de conductas deseadas. Por ello cobra más valor el refuerzo positivo que el castigo. No obstante, se dice que la proporción debe ser de un castigo por cada 2-3 refuerzos, por lo que no debemos olvidarnos tampoco del castigo.
  • Esforzarse por ser consistente. Debemos ser constantes en las estrategias empleadas y en las conductas objetivo que pretendan aumentar o disminuir aunque el contexto sea diferente.

En conclusión, es efectivo darle instrucciones claras y concisas, reorganizarle el trabajo para hacerlo más motivador, refuerzos inmediatos, para intentar finalmente reconducir su conducta hacia objetivos futuros y no hacia gratificaciones inmediatas.

Los padres eficaces combinan la disciplina con amor. Del mismo modo que no hay que tener reparos en manifestar el cariño que siente por su hijo, tampoco ha de tenerlos para definir claramente los comportamientos inaceptables. Para que su labor correctiva sea eficaz, deberán combinarla con el refuerzo del comportamiento correcto.

Enseñar a portarse bien es un proceso continuo. Es disciplina en su mejor expresión.