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Una de las grandes consultas que nos plantean muchos padres ante la sospecha de que su hijo pueda tener TDAH es a qué especialista deben llevarlo, quién se encarga de dar el diagnóstico o si deben priorizar un especialista ante otro. Estas y muchas otras preguntas intentaremos resolver en esta nueva entrada, pero la primera recomendación que debemos tener clara es que los profesionales que se encarguen de ello sean especialistas en el trastorno.

Al igual que en el tratamiento, el diagnóstico del Trastorno de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) debe ser multidisciplinar, esto quiere decir que los especialistas que valoren a vuestro hijo/a deben incluir las 3 áreas principales donde más afecta este trastorno: médicapsicológica y psicoeducativa. Por la misma razón que se recomienda que durante el tratamiento intervengan diferentes especialistas en estos tres ámbitos, durante la evaluación se antoja necesario que sean profesionales médicos (neuropedriatas, psiquiatra infantil, neurólogo etc.) y psicólogos (neuropsicólogos o psicólogos clínicos con experiencia en el área psicoeducativa) los que participen en el proceso.

Por lo tanto, si acudís a vuestro pediatra, neurólogo o psiquiatra infantil es recomendable que éste os derive a un psicólogo especializado para que termine de valorarlo. Este procedimiento también puede ser inverso, es decir, acudir primeramente a un psicólogo que os realice una completa evaluación para, posteriormente, ir a la consulta de un médico especialista.

La primera característica que debemos tener claro ante el diagnóstico del TDAH es que, a día de hoy, nos encontramos ante un diagnóstico comportamental¿Esto que quiere decir? ¿Pero no se conocen ya una serie de diferencias entre el cerebro de un niño con este trastorno y el de otro niño que no lo padece?

Fruto de las numerosas investigaciones que se llevan realizando desde hace unos años hasta hoy, vamos conociendo cada vez más cómo se comporta el cerebro de un niño con TDAH y las diferencias que se encuentran con respecto a otro niño sin él. Descubrimos que este trastorno conlleva una maduración más lenta de ciertas áreas del cerebro, que utilizan en algunos casos vías de procesamiento de la información diferentes o que presentan bajos niveles de hierro en el cerebro entre otras diferencias. Pero actualmente no existe nada en el cerebro de las personas con TDAH que pueda detectar un médico y que sea una señal inequívoca de que esa persona tiene el trastorno. Encontrar y establecer un biomarcador válido para el TDAH sería vital para esclarecer y conseguir diagnósticos precoces y objetivos. Esta es una de las principales vías de estudio sobre las que están trabajando varios grupos de investigación, pero del que desgraciadamente no disponemos resultados concluyentes todavía.

En estos tiempos se han ido creando herramientas para mejorar los diagnósticos, como por ejemplo los test genéticos o pruebas como Aula Nesplora que utiliza la realidad virtual para simular el contexto natural de una clase y medir la sintomatología característica del trastorno. Con respecto a los test genéticos comentar que no diagnostican, sino que lo que ofrecen es una recopilación de información (conociendo los genes implicados en distintos aspectos del trastorno) sobre la predisposición a desarrollar TDAH, las posibles comorbilidades que pueden aparecer (problemas de conducta o abuso de sustancias principalmente) y la respuesta ante el tratamiento farmacológico.

Por lo tanto, el diagnóstico debe efectuarse recogiendo información del comportamiento del niño/a. Se realiza a partir de una entrevista clínica con los padres y agrupando la información que nos facilitan éstos junto con los profesores a través de cuestionarios de conducta. A su vez, se elabora un informe con las pruebas neuropsicológicas que se pasan al niño y con la información recogida por el profesional a través de la observación directa durante dicho proceso con el menor. (Si se quiere obtener más información sobre la evaluación neuropsicológica les remitimos a nuestra entrada del blog «La importancia de la evaluación neuropsicológica en el TDAH» https://educatdah.wordpress.com/2015/02/23/la-importancia-de-la-evaluacion-neuropsicologica-en-el-tdah/)

¿POR QUÉ SE RECOGE INFORMACIÓN DE LOS PROFESORES?

La información que se recoge a través de los padres resulta incompleta. Una de las principales características del TDAH (y que en muchas ocasiones emborrona la imagen de personas que desconocen el trastorno) es, que quienes lo padecen, presentan sintomatología que tienen todos los niños (inatención, exceso de actividad – hiperactividad – e impulsividad), pero en un grado de intensidad y frecuencia mayor y con una afectación en su vida superior, que les dificulta la adaptación social, familiar, emocional y/o escolar.

Los profesores gracias al ratio de niños con los que trabajan disponen de un contexto y una situación ideal para observar si un niño tiene una sintomatología más marcada o por encima de lo habitual con respecto a su edad.  De la misma manera tienen la posibilidad de observar al niño realizando tareas que le exigen autocontrol, atención sostenida y un esfuerzo mental continuado. En relación con los padres, que generalmente disponen sólo de información a través de la comparación con hermanos, sobrinos o familiares, los profesores su situación laboral les habilita para recoger una mayor y útil información con el resto de sus iguales. Por su papel relevante en la evaluación (así como en la intervención en el aula con este tipo de alumnos) es fundamental formales en el trastorno y enseñarles herramientas para que puedan ofrecer su ayuda con la mejor eficacia posible.

EL PORQUÉ DE LA VALORACIÓN DE UN PSICÓLOGO.

Como venimos contando el TDAH tiene un origen neurobiológico y no emocional, aunque si presentan dificultades para el manejo de las emociones lo que puede agravar y acentuar la sintomatología típica. Sin embargo, existen muchas situaciones que afectan, interfieren o provocan un cambio en la vida del menor que puede provocar sintomatología similar a la del TDAH sin que ello signifique que se padece el trastorno. Así nos encontramos que un proceso de separación de sus padres, experiencias reiteradas negativas en el colegio (con profesores o compañeros), una enfermedad grave, el nacimiento de un nuevo hermano u otros trastornos orgánicos (como el trastorno del X frágil o problemas con la tiroides), pueden conllevar respuestas impulsivas, hiperactividad, labilidad emocional e inatención.

El diagnóstico debe ser lo suficientemente profesional como para abordar un diagnóstico diferencial y valorar si el niño manifiesta estos síntomas porque tiene un TDAH o si se debe a algún tipo de acontecimiento personal que conlleva una nueva adaptación, un trastorno en el estado del ánimo, un trastorno orgánico, un leve retraso intelectual, etc.

Por ello es fundamental que el profesional que evalúe a vuestro hijo se tome su tiempo para realizar un estudio a fondo y poder establecer un diagnóstico correcto. En el caso en que no sea así, una segunda opinión siempre puede resultar positiva.

¿ES POSIBLE DIAGNOSTICAR A LOS 3-4 AÑOS?

Para terminar no queríamos dejar de comentar un aspecto que genera también muchas dudas a los padres y es el rango de edad en el que se puede diagnosticar a nuestro hijo/a con TDAH.

La edad más común del diagnóstico es con 6-7 años, ya que en este rango la fiabilidad aumenta. Esto es debido a que el problema se hace más patente en los primeros cursos de Primaria donde se le exige mantener la atención durante un tiempo más prolongado, las tareas son más monótonas y el nivel de contenidos académicos es más riguroso y estructurado.

Esto no quiere decir que en algunos casos no sea muy evidente desde los 3 o los 4 años, principalmente si presenta características hiperactivas/impulsivas, pero siempre es recomendable esperar unos años para establecer un diagnóstico. Pero en este punto entra en juego el diagnóstico precoz, fundamental para tomar medidas beneficiosas para el menor lo antes posible, por lo que si se tiene alguna sospecha de poder padecer TDAH a tan temprana edad, consultarlo con un profesional, tomar una serie de medidas en casa e irle enseñando una serie de estrategias adaptadas a su edad nunca va a hacerle daño.

En conclusión, lo ideal es que se desarrollaran y crearan pruebas objetivas, herramientas que nos permitieran a través de procedimientos médicos (como por ejemplo los TAC, resonancias magneticas, etc.) medir de una forma más objetiva la posibilidad de padecer el trastorno. Diagnosticar TDAH es muy difícil debido a su amplia variedad de síntomas conductuales y lo que estamos realizando a día de hoy es diagnosticar a través de evaluar estas conductas externas que son causa de las alteraciones internas que conlleva el trastorno. De esta manera entran en juego los juicios personales y la subjetividad de los profesionales medicos, psicólogos, profesores y los propios padres. Afortunadamente los conocimientos que se van sabiendo del trastorno y la sensibilización cada vez mayor de los profesionales hacen que la subjetividad entre menos en juego y nos encontremos en la mayoría de los casos diagnósticos acertados con estudios en profundidad.

Equipo de Educ-at

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frustración

El curso ya está acabando y, desde septiembre, estamos publicando diferentes noticias y escritos muchos de ellos fruto de nuestro día a día trabajando con niños y adolescentes, en su inmensa mayoría afectados por TDAH.

Y es que, cuando decidimos trabajar sobre este trastorno, no nos podíamos imaginar como estos chicos (en ocasiones excluidos en sus colegios por no ser considerados “brillantes”) podían esconder tantas cualidades y capacidades que cuando se trabajan bien salen a la luz en su mejor versión (siempre decimos que estamos creando una pequeña “fábrica” de futuros psicólogos, ya que muchos de ellos nos plantean el deseo de poder intentar contribuir a que otros compañeros no lo pasen tan mal en el futuro).

No obstante, no nos podemos olvidar de que este camino que llevamos en la actualidad con más de cincuenta familias no es un camino fácil. Y es que, la mayoría de estos maravillosos chicos tienen un punto en común: su baja autoestima fruto de una etapa a remolque.

Por ello, siempre los primeros esfuerzos se deben centrar en el trabajo de dicha autoestima. Es decir, tenemos que hacerles ver como son personas llenas de posibilidades que deben intentar poner sus esfuerzos en olvidar un pasado a veces tormentoso (fácil decir esto…) y centrarse en un futuro prometedor.

Una vez que el camino prosigue y ellos se van empezando a ver capaces entramos en un punto conflictivo: la confrontación y el enfrentamiento con la realidad. Este punto (el menos bonito de nuestro trabajo) es extremadamente importante y casi siempre necesario por algunos de estos motivos:

  • La fina línea entre el no puedo y no quiero (al principio no se ven capaces pero el dejar de esforzarse también trae consecuencias positivas a corto plazo)
  • Sentimientos de indefensión aprendida
  • Rebeldía propia de la infancia o la adolescencia

Es aquí donde (teniendo muy claro que deberemos esperar el momento oportuno para reforzar el mínimo esfuerzo y también sabiendo que la excesiva presión no es efectiva) debemos ponernos serios y saber que siempre pensando en el desarrollo de estos chicos, no solo vale la palmadita en la espalda.

Este paso necesario es extremadamente difícil de aplicar en las familias (siendo esto muy razonable). Y es que, tendemos a pensar que cuanto más fácil le pongamos la vida a nuestros hijos, parejas y demás seres queridos más felices les hacemos. Por ello, en muchas ocasiones nos convertimos en defensores aférrimos de comportamientos que a la larga no traen consecuencias positivas.

La realidad no es esto, ya que la experiencia nos dice que todo el mundo necesitamos personas que nos pongan los pies en la tierra, nos exijan aquello que podemos dar y nos ayuden a desarrollar una capacidad que nos permita antes de buscar excusas externas poder empezar mirándonos a nosotros mismos.

Esto no suele ser aceptado ya que, ¿A qué adulto nos gusta inicialmente que nos contradigan, nos hagan ver nuestros fallos o nos empujen a seguir luchando cuando creemos que las fuerzas han llegado a su límite? Generalmente a ninguno, aunque todos a la larga entendemos que es lo que más nos ayuda y buscamos precisamente rodearnos de este tipo de personas.

Si bien es importante en los adultos, ni que decir tiene en los niños sobre todo para no caer en lo que es bajo nuestro punto de vista uno de los mayores males en la sociedad actual: la baja tolerancia a la frustración.

Y es que, en un mundo donde se puede acceder a todo con un solo click y donde parece que nada importa (ya que el “no pasa nada” está a la orden del día) falta mucha tolerancia a la frustación. Dicho de otra manera, desde que somos pequeños no vemos límites y entendemos que a cada momento puedo satisfacer mis deseos centrándome en el placer más inmediato. Por ello, el esfuerzo queda a veces en un segundo plano y nos olvidamos la lucha intensa que requiere perseguir nuestros objetivos.

De esta forma entendemos que con cariño y comprensión combinado con confrontación y  una buena dosis de refuerzo positivo (alternado con un correcto establecimiento de normas y límites) podemos conseguir que estos chicos logren el éxito que deben conseguir de cara al potencial que poseen.

No nos olvidemos que un niño con TDAH puede y debe conseguir un desarrollo totalmente normal.

Por último, animaros a los padres (que sois los que siempre mantenéis una lucha incansable) a ayudar a dar el empujón final y completar un curso que sabemos que en muchos casos ha sido bastante complicado.

Nos complace poder seguir viendo como estos chicos salen adelante y esta dura lucha finalmente tiene recompensa. ¡Mucho ánimo!

Equipo de Educ-at

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autoestima

La mayoría de los niños con TDAH tienden a valorarse a sí mismo más negativamente, con más problemas, menos aceptados socialmente y menos felices que los niños de su edad. Muchos estudios demuestran que más del 50% de los niños con TDAH presentan problemas emocionales, como sentimientos depresivos, de ansiedad, inseguridad o baja autoestima.

Los niños con TDAH son más difíciles de educar y de ahí que reciban con mayor frecuencia una información negativa sobre su comportamiento y sus tareas, sobre todo en el colegio. También se les tiende a comparar con compañeros o con hermanos de manera en las que ellos tienden a salir perjudicados («¿no puedes estarte quieto como el resto de tus compañeros?» «A ver si aprendes de Carlitos», etc.) o se les confunden con niños maleducados, vagos, pasotas o tontos.

Por otro lado, los niños con TDAH viven más experiencias de fracasos que de éxitos durante su infancia. Esto se acentúa un poco más durante su etapa escolar. Se esfuerzan por hacer bien las cosas, por gustar a los de su entorno, pero los resultados no siempre son satisfactorios y cometen más errores que los otros, aunque se hayan esforzado más. Este esfuerzo sin éxito, baja su autoestima y establece en él creencias erróneas y poco ajustadas a la realidad. Es decir, se sienten indefensos, incapaces y surgen pensamientos del tipo «no sé que hacer, haga lo que haga, fracaso” «no voy a poder, con lo tonto que soy…», etc.

Estos niños diariamente también se encuentran ante tareas que implican una atención sostenida o autocontrol al que no están capacitados para afrontar, como por ejemplo, mantener la atención permanente durante una clase, lo que aumentan su sensación de frustración o fracaso.

Cualquiera de nosotros, ante una tarea en la que no nos consideramos hábiles tenderemos a afrontarlas con la convicción de que no saldrá bien, lo que afectará ya no solo a nuestro rendimiento ante esa tarea sino que nos afectará emocionalmente de una manera negativa. Por ejemplo, si yo no se patinar y un día me obligan a ponerme unos patines y realizar un circuito, yo pensaré que la caída que voy a sufrir es inevitable y que tendré que soportar las risas y burlas de los demás, lo que me hará sentir más inseguro (esto aumentará más aún mis posibilidades de caída), y más irritable respondiendo de forma más agresiva ante las instrucciones y consejos de quien está alrededor mío. A mayor complejidad del circuito mayor será mi desconfianza, mi inseguridad y mis emociones negativas asociadas a la situación. No es lo mismo pensar “como soy bueno lo sabré hacer”, que otro que piensa “no podré conseguirlo nunca”. El primero lo intentará, mientras que el segundo abandonará antes de intentarlo o ante la mínima dificultad.

Las personas tenemos dos estilos de afrontamiento ante las situaciones que nos resultan difíciles y que nos generan inseguridad: enfrentarnos a ellos o evitarlos. El niño con TDAH con una baja autoestima ante tareas que le resultan difíciles preferirá no tener que realizarlas, sacándose alguna excusa o mostrando una actitud de autosuficiencia, expresando la facilidad de la tarea lo que puede estar enmascarando la realidad. Este mecanismo de defensa más que protegerlo le refuerza sus pensamientos de incapacidad, pues al no intentarlo nunca  vivirá experiencias de superación propias tan importantes para aumentar y potenciar nuestro autoconcepto.

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA AUMENTAR LA AUTOESTIMA DE NUESTROS HIJOS?

  • Aceptar las dificultades que supone que nuestro hijo padezca TDAH, principalmente en referencia a los estudios. Dichas dificultades pueden ser suplidas con unas técnicas eficaces y la implantación de un correcto hábito. Una vez que se reconozcan estas dificultades es más fácil identificar los esfuerzos por parte del niño y elogiar cuando realiza alguna cosa bien hecha.
  • Elogiar los logros. Cualquier logro que consiga por pequeño que sea y sobretodo, aquellos que impliquen un esfuerzo, debemos reforzarlo. Desde bien pequeños, los niños realizan comparaciones entre ellos y sus compañeros y observan como el resto se les elogia un mayor número de veces. Por ello, reforzar sus logros y sus conductas positivas no solo potenciará su autoestima sino que potenciaremos la aparición de este tipo de conductas.
  • Ofrecerle mayor grado de confianza en su persona y en sus competencias.
  • Modificar nuestro lenguaje. Debemos enterrar los «no» tan temible para los niños y expresarnos de una manera positiva.
  • Evitar la acusación y hablar desde el “yo” más que desde el “tú”. Es decir, cuando estamos enfadados con él/ella, es muy conveniente utilizar la siguiente fórmula: “yo me siento…cuando tu haces….porque….”. No debemos etiquetarles, cuando haya hecho alguna mala acción nos centraremos en su conducta y no en la personalidad. Por ejemplo si un niño pega a otro no le debemos decir «Eres malo», sino «no te has comportado de la mejor manera porque has pegado a un compañero» o siguiendo la fórmula anterior «yo me siento triste cuanto tu pegas a tu compañero porque sabes que eso no debes hacerlo».
  • Potenciar actividades que se le den bien. De esta manera se sentirá competente, fomentando su autoestima y si es en grupo mejor, pues impulsará su integración social.
  • Debemos descubrir sus habilidades y aspectos positivos y ayúdele a disfrutarlo (habilidades en el dibujo, delante del ordenador, en el deporte, bailando…afectuosidad, creatividad, espontaneidad, sentido del humor y todas aquellas que seguro encontramos en un niño/a con TDAH)

Son chicos/as con mucho potencial, con muchas virtudes positivas y con talentos ocultos que suelen permanecer enmascarados por varias razones: las características propias del trastorno, la presión académica que hace que nos centremos principalmente en ese área escolar donde presenta más complicaciones y por su baja autoestima.

No perdamos la esperanza en ellos. Apliquemos el ensayo error y ofrezcámosles contextos fuera de lo escolar donde desarrollar y descubrir sus aptitudes y destrezas.

Equipo de Educ-at

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Para recibir más información sobre nosotros y nuestros servicios estaremos encantados de poder atenderles en el teléfono 665.97.55.21 o a través de nuestro correo info@educatdah.com.

 

motivar estudiar

Hace poco publicábamos una entrada acerca de la motivación que presentaban los niños con TDAH ante los estudios. Cómo comentamos, estos niños están acostumbrados a tener que realizar un esfuerzo mayor que el resto de sus compañeros para afrontar estas demandas escolares lo que provoca, en muchas ocasiones, que aparezcan en ellos sentimientos de inferioridad. ¿Por qué yo necesito más tiempo que mis compañeros? ¿Acaso soy más tonto? Esto tiende a ocurrir en edades en las que su nivel de madurez es bajo y carecen de una capacidad cognitiva para entender las dificultades que conlleva el trastorno sin que ello signifique que tengan menos capacidades intelectuales que los demás.

Esta situación puede provocar un descenso en la autoestima y, sobre todo, en la motivación del niño lo que conllevará a su vez, un descenso en el rendimiento, obteniendo unas notas más bajas y reforzando su idea de que no son capaces de rendir. De esta manera nos encontramos en un círculo vicioso del que puede ser complicado salir.

¿TAN IMPORTANTE ES LA MOTIVACIÓN EN NIÑOS/AS CON TDAH?

Nosotros consideramos, que los factores motivacionales y de refuerzo son claves a la hora de que los niños con TDAH decidan tomar uno u otro camino. Todas las personas necesitamos sentirnos valorados, y como mejor experimentamos este sentimiento es con las cosas que se nos da bien hacer.

Ellos no se consideran especialmente buenos para los estudios y esto, junto con diversas prácticas en los centros educativos, hace que experimenten un rechazo total hacía el ámbito escolar. Esto puede provocar que dejen de esforzarse y que muestren una resistencia excesiva ante la realización de las tareas escolares lo que desemboca en «guerras» con los padres para que las haga, debilitando la relación entre ambos. Peor aún, algunos buscan otras alternativas y encuentran gran refuerzo en la agresividad o alteración del transcurso normal (por ejemplo de la clase). Ellos sienten que esa conducta está siendo reforzada (muchas veces la risa es un refuerzo clave) y tratan de aumentar su frecuencia. Por otro lado, son alumnos que han experimentado en alguna ocasión rechazo o burla por parte de los compañeros, por lo que el hecho de mostrar comportamientos agresivos reduce en su totalidad esta burla, a la vez que adquieren un respeto que no han podido lograr por sus meritos. Y detrás de estas conductas hostiles, nos encontramos a un niño con grandes capacidades pero con una autoestima muy baja que le ha llevado a aprender erróneamente que para encontrar el respeto y aceptación de sus iguales debe llevar a cabo conductas disruptivas.

Por ello, es clave descubrir el inicio del problema para poder actuar sobre él cuanto antes y comenzar a reforzar positivamente las buenas conductas, valorando sus capacidades intelectuales y su esfuerzo y castigando aquellas conductas que sean inapropiadas.

¿QUÉ PODEMOS HACER SI NUESTRO HIJO MUESTRA UNA RESISTENCIA ANTE LOS ESTUDIOS?

Lo primero que debemos entender es que seguramente esa resistencia pueda ser debido a una baja motivación fruto de una serie de experiencias negativas relacionadas con los estudios. Como hemos comentado en varias entradas anteriores, en muchas ocasiones nos encontramos a chicos y chicas que se han esforzado por conseguir los objetivos pero que ante una falta de técnicas eficaces, ese estudio no ha sido todo lo eficaz que debería no habiendo optimizado el tiempo y cosechando resultados negativos lo que les invitan a tirar la toalla.

Deben entender que no han estado estudiando con las técnicas más efectivas para ellos. Aprender a secuenciar la información, a elaborar por escrito para mejorar la comprensión e interiorización de los contenidos se antoja necesario para ellos. Evidentemente, esto conlleva un trabajo extra que al principio no les resulta gratificante pero que cuando comienzan a obtener las notas acordes a su esfuerzo y dedicación, este hábito se ve reforzado, comprendiendo que resultado beneficioso para ellos.

Por otro lado, resulta fundamental reforzar el esfuerzo, tan necesario para mantener su motivación. A veces nos centramos tanto en las notas objetivas que olvidamos la entrega y la dedicación que ponen para conseguirlo. La mayor parte de los niños, sobre todo en edades de Primaria, agradecen más el reconocimiento personal y el refuerzo social de un «muy bien hecho», «buen trabajo, sigue así», etc. que la propia nota a la que somos los propios adultos los que le otorgamos un mayor valor. Esta parte es importante no solo a tener en cuenta por el padre o la madre sino también por parte del profesorado.

Otras estrategias que mejoren la motivación del niño/a pueden ser:

  • Dividir la tarea por partes y supervisar y felicitar por la realización de cada parte.
  • Al evaluar la tarea, resaltar siempre un par de cosas positivas.
  • Proponerle tareas significativas que le motive a buscar soluciones y le suponga un reto a su alcance.
  • Ayudar al niño a hacer una valoración más objetiva de sus errores sin hacerle sentir infravalorado y culpable.
  • Utilizar métodos que permitan ver sus avances (comparar un dictado con otro anterior, con cuadernos pasados, etc.)
  • Pedirle que revise sus trabajos antes de entregarlos para que corrija los posibles errores y para estimularle positivamente si no los hubiera.

En conclusión, entendemos que en muchas ocasiones, la situación se ha vuelto tan enrevesada que cuesta ver la luz del túnel, que cuesta ver las cualidades positivas de nuestro hijo, que nos induce incluso a pensar que no tiene solución, pero debemos comprender por qué se encuentran así, y comprenderles a ellos, pues en muchas ocasiones la lógica que les lleva a no querer esforzarse o a rendirse puede ser coherente, pero no por ello debemos dejar de luchar por que mejoren. Son niños con grandes aptitudes y con una gran afectividad a los cuales, las pequeñas frustraciones diarias les lleva a claudicar. Cambiar nuestro lenguaje en referencia a los estudios hacia un lenguaje más positivo, que les incentive y les motive es una buena estrategia que hay que poner en práctica. Hay que aprender a guiarles y a estimularles para que quieran mejorar y superarse.

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Los últimos datos de prevalencia señalan que uno de cada veinte niños presenta TDAH. Esto significaría que uno o dos niños por clase lo padecerían, por lo que se antoja fundamental formar a docentes en este trastorno de una manera eficaz.

Los profesores son uno de los principales agentes de detección, es decir, en un alto porcentaje son los primeros en identificar a un niño o adolescente con TDAH. Ellos no diagnostican pero sí que pueden iniciar una posible sospecha del trastorno. Por lo tanto, aquellos que carezcan de formación sobre el TDAH pueden, además de no valorar adecuadamente las señales de alerta, suponer un obstáculo en el desarrollo del niño.

A menudo nos encontramos con familias que realizan un sobreesfuerzo, tanto a nivel económico como a nivel emocional, para ofrecer a su hijo diversos profesionales que les enseñen a adquirir una serie de estrategias que fomenten su crecimiento. Esfuerzos que conllevan mejorías pero que ante un profesor desconocedor del tema supone un freno, puesto que pueden presentar dificultades para percibir cualquier pequeño logro, o son incapaces de incentivar al niño o no comprenden las dificultades que presenta.

Esto no quiere decir que no nos hayamos encontrado profesores, orientadores o directores sensibilizados con estos niños. Afortunadamente,  el origen de las soluciones se encuentra cada vez más en los colegios gracias a personal docente con una mayor sensibilización y concienciación con el TDAH. Profesores que saben entenderles, motivarles y reforzarles, y centros educativos que desarrollan protocolos de actuación en las aulas, potenciando de sobremanera su desarrollo. Todos estos avances nos reconfortan y animan a seguir trabajando en esta línea de difusión.

EN BUSCA DEL COLEGIO APROPIADO

Uno de los aspectos que caracterizan a un niño con TDAH es su paso por varios centros educativos. Estos cambios marcarán su autoestima, debido a las experiencias negativas que viven y a la sensación de no encajar, de ser un problema en cada uno de ellos, por lo que tienen que ir vagando de un centro a otro hasta dar con el adecuado. A su vez, este descenso en la autoestima va a hacer mella también en su autoconcepto (la imagen que tiene sobre sí mismo) y a su motivación, entrando en un círculo vicioso del que cuesta salir.

Enseñar y formar a los profesores que interactúan con los niños durante su periodo escolar nos ayudará a revertir esta situación, a impulsar su crecimiento, a que su motivación y sus competencias aumenten, obteniendo así una mejor actitud dentro de la clase, con su respectiva mejora a nivel global.

La formación tendrá como objetivo que el profesor disponga de un mayor conocimiento, de un mayor abanico de estrategias, percibiéndose como una persona con mayor capacidad para ayudarle y con un poder muy grande para potenciar su progresión. Porque para los niños y adolescentes, los profesores son también modelos en los que reflejarse, figuras de autoridad de las que aprender y que, al final de su etapa escolar, les recuerden como aquellas personas que supieron entenderle y ayudarle, pues como dice Maya Angelou “las personas olvidan lo que dices, olvidan lo que haces, pero nunca olvidan cómo le haces sentir”.

No perdamos la paciencia con ellos, no les apartemos, no los etiquetemos dejando de ver sus cualidades positivas y sus fortalezas. Son alumnos que necesitan una mayor comprensión, una mayor flexibilidad y una serie de pequeñas medidas que no impiden su desarrollo, más bien lo impulsan y favorecen.

Ellos lo agradecerán.