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Existen dos grandes debates dentro de los detractores del Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad. Mucho se ha hablado de la existencia o no del TDAH y de si se encuentra o no sobrediagnosticado. Sobre el primero ya hemos dejado en varias ocasiones patente los numerosos estudios e investigaciones que manifiestan la existencia del mismo. En el caso del segundo tema, muchos opinan que está de moda diagnosticarlo y cualquier niño movido es ahora hiperactivo. Vamos a intentar desgranar las razones que por las que lo esgrimen.

El TDAH es el trastorno más prevalente en población infanto-juvenil. Los estudios más recientes lo sitúan en un 5-7% (aproximadamente 1 de cada 20 niños). Como hemos hablado en varias ocasiones es un trastorno que tiene un gran impacto sobre la vida tanto del individuo interfiriendo en su funcionamiento escolar, social, cognitivo y emocional. A su vez interfiere también en el ámbito familiar, creándose conflictos y dificultades para su manejo. Por todo ello es fundamental y necesario realizar un buen estudio sobre las problemáticas del niño para ofrecer el mejor tratamiento posible.

Bajo nuestra opinión, unas de las primeras razones por las que (para personas ajenas al trastorno) se tiene una imagen irreal y consideran que se encuentra sobrediagnosticado es  la trivialidad con la que se utiliza el término hiperactividad o hiperactivo. Muchos de nosotros habremos escuchado o incluso habremos utilizado una expresión similar a «Hoy es que estoy hiperactivo», «yo no paro, soy muy hiperactivo», etc. Este tipo de expresiones pueden provocar confusiones en parte de la sociedad ya que se emplea este adjetivo para denotar el estado de ánimo o excitación en un determinado momento.

Por otro lado, la sintomatología característica del trastorno son manifestaciones que la mayoría de nosotros hemos padecido alguna vez y, en el caso de los niños con una mayor frecuencia. Todos hemos podido tener épocas de mayores despistes, situaciones que nos genera nerviosismo y estamos sobreexcitados, respondemos con impulsividad, no nos enteramos cuando nos hablan porque estamos pensando en otra cosa, etc.

Por lo tanto, en un primer vistazo, la frivolidad en el uso del concepto hiperactivo junto con las características comportamental del trastorno perjudican el conocimiento del mismo y favorecen el desconcierto y el oscurantismo hacia las personas (niños, adolescentes o adultos) que lo padecen. Todo esto hace que se pueda malinterpretar y hacer creer que se etiqueta a los niños con un objetivo económico de las farmaceúticas o porque es más sencillo «drogar a un niño que educarle» como en ocasiones hemos escuchado. Ya lo puso de relieve el informe PANDAH sobre el nivel de conocimiento en España sobre el TDAH: sólo el 4% de los encuestados saben definir el trastorno sin ningún tipo de ayuda y alrededor del 85% es capaz de hacer una definición aproximada recibiendo alguna ayuda. Resultados debastadores que ponen de manifiesto la ignorancia que existe sobre él.

Con el tema de la medicación podemos entender la preocupación de muchos padres ante este hecho y las dudas que generan. Desde nuestra perspectiva la medicación es una herramienta que, dependiendo de los casos, es totalmente necesaria, pero como siempre comentamos, casi nunca suficiente. El metilfenidato, la atomoxetina y la lisdexanfetamina son fármacos eficaces ampliamente estudiados y seguros. En nuestra experiencia hemos trabajado con varios casos que no están medicados y con la implantación de unas herramientas y estrategias tanto al niño (a nivel escolar, social y emocional) como a las familias, se ha conseguido que no tome medicación, se reduzca o se limite a momentos puntuales. Esto no quiere decir que no sea necesaria en algún otro momento, ya que depende en gran medida del grado de severidad del trastorno, de la afectación que tenga el trastorno en la vida del niño o de la situación vital en la que se encuentre.

EL AUMENTO DE CASOS DIAGNOSTICADOS EN LOS ÚLTIMOS AÑOS

Una de las razones en las que sustentan aquellos que defienden el sobrediagnóstico del TDAH, es aquella en la que el número de diagnosticados por este trastorno ha aumentado exponencialmente durante la última década.

Este dato es cierto y las principales causas del incremento son tres:

  1. Mayor conocimiento de los profesionales que intervienen con el niño (médicos, profesores y psicólogos).
  2. Mejores herramientas de evaluación.
  3. Aumento en los diagnósticos precoces (fundamentales para iniciar un tratamiento adelantado)

Es cierto que mucha de la sintomatología típica del TDAH puede estar provocada por otros trastornos o acontecimientos puntuales que nada tiene que ver con él. Ya lo comentábamos en nuestra entrada «Todo sobre el diagnostico del TDAH», sintomas depresivos, trastornos orgánicos como el X frágil o acontecimientos personales como un divorcio pueden provocar comportamientos en el niño similares al TDAH. Esto quiere decir que existen numerosos síndromes o situaciones que generan manifestaciones externas semejante al trastorno. Por ello se requiere un estudio en profundidad a la hora de evaluarles. Si es posible que, por este lado, si nos encontramos ante un profesional poco competente o entendido, el diagnóstico que se nos ofrece no esté ajustado a la realidad y estemos creando una etiqueta a un niño que no la requiere (con el apartado negativo que esto puede suponer).

Atendiendo al otro punto de vista, investigaciones demuestran como niños TDAH puramente inatentos pasan desapercibidos a la hora de ser evaluados. Nos encontramos ante chicos y chicas que, por las dificultades típicas de este subtipo, no alcanzan unos buenos resultados académicos, encontrándose con un posible fracaso escolar, dañándose su autoestima y motivación y, en muchos casos, quedando sin diagnosticar. De esta manera nos encontramos adolescentes que son valorados con TDA a una edad avanzada o que directamente no tienen conciencia de su problemática.

Algunos profesionales mantienen que parece factible que el tipo de sociedad actual pueda estar contribuyendo a generar una mayor disfuncionalidad del TDAH. La existencia de mecanismos que ofrecen refuerzos externos inmediatos como los videojuegos, televisión o el internet, así como una sociedad de consumo provocan que se presenten pocas oportunidades «para favorecer y entrenar la atención sostenida, la cultura del esfuerzo, la demora de recompensa, el empleo de estrategias reflexivas y el desarrollo de un autocontrol mental eficaz».

En conclusión,en nuestros años trabajando exclusivamente con estos chicos, han sido pocos los casos en los que su diagnóstico nos ha generado algún tipo de duda. También es cierto que desde la psicología trabajamos mayoritariamente desde las conductas problemáticas (bajo rendimiento, conductas impulsivas, escasa organización, bajas habilidades sociales, etc.) y no tanto desde la etiqueta propiamente dicha, por lo que la manera de intervenir no distaría dependiendo de la existencia o no de la etiqueta diagnóstica (otra cosa diferente es a la hora de pedir unas medidas en el aula para las cuales si es necesario, desgraciadamente, de un diagnóstico).

Debemos seguir trabajando para crear mejores instrumentos de diagnósticos, formar a los profesionales que intervienen en la evaluación (médicos, psicólogos y profesores), tener en cuenta tanto los criterios de inclusión del trastorno como los de exclusión (diagnóstico diferencial) y que esté realizado por un equipo multidisciplinar. De esta manera estaremos evitando sobrediagnósticos o infradiagnósticos, ofreceremos tratamientos mucho más ajustados y reduciremos las polémicas generados en los últimos tiempos.

Equipo de Educ-at

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autoestima

La mayoría de los niños con TDAH tienden a valorarse a sí mismo más negativamente, con más problemas, menos aceptados socialmente y menos felices que los niños de su edad. Muchos estudios demuestran que más del 50% de los niños con TDAH presentan problemas emocionales, como sentimientos depresivos, de ansiedad, inseguridad o baja autoestima.

Los niños con TDAH son más difíciles de educar y de ahí que reciban con mayor frecuencia una información negativa sobre su comportamiento y sus tareas, sobre todo en el colegio. También se les tiende a comparar con compañeros o con hermanos de manera en las que ellos tienden a salir perjudicados («¿no puedes estarte quieto como el resto de tus compañeros?» «A ver si aprendes de Carlitos», etc.) o se les confunden con niños maleducados, vagos, pasotas o tontos.

Por otro lado, los niños con TDAH viven más experiencias de fracasos que de éxitos durante su infancia. Esto se acentúa un poco más durante su etapa escolar. Se esfuerzan por hacer bien las cosas, por gustar a los de su entorno, pero los resultados no siempre son satisfactorios y cometen más errores que los otros, aunque se hayan esforzado más. Este esfuerzo sin éxito, baja su autoestima y establece en él creencias erróneas y poco ajustadas a la realidad. Es decir, se sienten indefensos, incapaces y surgen pensamientos del tipo «no sé que hacer, haga lo que haga, fracaso” «no voy a poder, con lo tonto que soy…», etc.

Estos niños diariamente también se encuentran ante tareas que implican una atención sostenida o autocontrol al que no están capacitados para afrontar, como por ejemplo, mantener la atención permanente durante una clase, lo que aumentan su sensación de frustración o fracaso.

Cualquiera de nosotros, ante una tarea en la que no nos consideramos hábiles tenderemos a afrontarlas con la convicción de que no saldrá bien, lo que afectará ya no solo a nuestro rendimiento ante esa tarea sino que nos afectará emocionalmente de una manera negativa. Por ejemplo, si yo no se patinar y un día me obligan a ponerme unos patines y realizar un circuito, yo pensaré que la caída que voy a sufrir es inevitable y que tendré que soportar las risas y burlas de los demás, lo que me hará sentir más inseguro (esto aumentará más aún mis posibilidades de caída), y más irritable respondiendo de forma más agresiva ante las instrucciones y consejos de quien está alrededor mío. A mayor complejidad del circuito mayor será mi desconfianza, mi inseguridad y mis emociones negativas asociadas a la situación. No es lo mismo pensar “como soy bueno lo sabré hacer”, que otro que piensa “no podré conseguirlo nunca”. El primero lo intentará, mientras que el segundo abandonará antes de intentarlo o ante la mínima dificultad.

Las personas tenemos dos estilos de afrontamiento ante las situaciones que nos resultan difíciles y que nos generan inseguridad: enfrentarnos a ellos o evitarlos. El niño con TDAH con una baja autoestima ante tareas que le resultan difíciles preferirá no tener que realizarlas, sacándose alguna excusa o mostrando una actitud de autosuficiencia, expresando la facilidad de la tarea lo que puede estar enmascarando la realidad. Este mecanismo de defensa más que protegerlo le refuerza sus pensamientos de incapacidad, pues al no intentarlo nunca  vivirá experiencias de superación propias tan importantes para aumentar y potenciar nuestro autoconcepto.

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA AUMENTAR LA AUTOESTIMA DE NUESTROS HIJOS?

  • Aceptar las dificultades que supone que nuestro hijo padezca TDAH, principalmente en referencia a los estudios. Dichas dificultades pueden ser suplidas con unas técnicas eficaces y la implantación de un correcto hábito. Una vez que se reconozcan estas dificultades es más fácil identificar los esfuerzos por parte del niño y elogiar cuando realiza alguna cosa bien hecha.
  • Elogiar los logros. Cualquier logro que consiga por pequeño que sea y sobretodo, aquellos que impliquen un esfuerzo, debemos reforzarlo. Desde bien pequeños, los niños realizan comparaciones entre ellos y sus compañeros y observan como el resto se les elogia un mayor número de veces. Por ello, reforzar sus logros y sus conductas positivas no solo potenciará su autoestima sino que potenciaremos la aparición de este tipo de conductas.
  • Ofrecerle mayor grado de confianza en su persona y en sus competencias.
  • Modificar nuestro lenguaje. Debemos enterrar los «no» tan temible para los niños y expresarnos de una manera positiva.
  • Evitar la acusación y hablar desde el “yo” más que desde el “tú”. Es decir, cuando estamos enfadados con él/ella, es muy conveniente utilizar la siguiente fórmula: “yo me siento…cuando tu haces….porque….”. No debemos etiquetarles, cuando haya hecho alguna mala acción nos centraremos en su conducta y no en la personalidad. Por ejemplo si un niño pega a otro no le debemos decir «Eres malo», sino «no te has comportado de la mejor manera porque has pegado a un compañero» o siguiendo la fórmula anterior «yo me siento triste cuanto tu pegas a tu compañero porque sabes que eso no debes hacerlo».
  • Potenciar actividades que se le den bien. De esta manera se sentirá competente, fomentando su autoestima y si es en grupo mejor, pues impulsará su integración social.
  • Debemos descubrir sus habilidades y aspectos positivos y ayúdele a disfrutarlo (habilidades en el dibujo, delante del ordenador, en el deporte, bailando…afectuosidad, creatividad, espontaneidad, sentido del humor y todas aquellas que seguro encontramos en un niño/a con TDAH)

Son chicos/as con mucho potencial, con muchas virtudes positivas y con talentos ocultos que suelen permanecer enmascarados por varias razones: las características propias del trastorno, la presión académica que hace que nos centremos principalmente en ese área escolar donde presenta más complicaciones y por su baja autoestima.

No perdamos la esperanza en ellos. Apliquemos el ensayo error y ofrezcámosles contextos fuera de lo escolar donde desarrollar y descubrir sus aptitudes y destrezas.

Equipo de Educ-at

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Para recibir más información sobre nosotros y nuestros servicios estaremos encantados de poder atenderles en el teléfono 665.97.55.21 o a través de nuestro correo info@educatdah.com.

 

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Hace poco publicábamos una entrada acerca de la motivación que presentaban los niños con TDAH ante los estudios. Cómo comentamos, estos niños están acostumbrados a tener que realizar un esfuerzo mayor que el resto de sus compañeros para afrontar estas demandas escolares lo que provoca, en muchas ocasiones, que aparezcan en ellos sentimientos de inferioridad. ¿Por qué yo necesito más tiempo que mis compañeros? ¿Acaso soy más tonto? Esto tiende a ocurrir en edades en las que su nivel de madurez es bajo y carecen de una capacidad cognitiva para entender las dificultades que conlleva el trastorno sin que ello signifique que tengan menos capacidades intelectuales que los demás.

Esta situación puede provocar un descenso en la autoestima y, sobre todo, en la motivación del niño lo que conllevará a su vez, un descenso en el rendimiento, obteniendo unas notas más bajas y reforzando su idea de que no son capaces de rendir. De esta manera nos encontramos en un círculo vicioso del que puede ser complicado salir.

¿TAN IMPORTANTE ES LA MOTIVACIÓN EN NIÑOS/AS CON TDAH?

Nosotros consideramos, que los factores motivacionales y de refuerzo son claves a la hora de que los niños con TDAH decidan tomar uno u otro camino. Todas las personas necesitamos sentirnos valorados, y como mejor experimentamos este sentimiento es con las cosas que se nos da bien hacer.

Ellos no se consideran especialmente buenos para los estudios y esto, junto con diversas prácticas en los centros educativos, hace que experimenten un rechazo total hacía el ámbito escolar. Esto puede provocar que dejen de esforzarse y que muestren una resistencia excesiva ante la realización de las tareas escolares lo que desemboca en «guerras» con los padres para que las haga, debilitando la relación entre ambos. Peor aún, algunos buscan otras alternativas y encuentran gran refuerzo en la agresividad o alteración del transcurso normal (por ejemplo de la clase). Ellos sienten que esa conducta está siendo reforzada (muchas veces la risa es un refuerzo clave) y tratan de aumentar su frecuencia. Por otro lado, son alumnos que han experimentado en alguna ocasión rechazo o burla por parte de los compañeros, por lo que el hecho de mostrar comportamientos agresivos reduce en su totalidad esta burla, a la vez que adquieren un respeto que no han podido lograr por sus meritos. Y detrás de estas conductas hostiles, nos encontramos a un niño con grandes capacidades pero con una autoestima muy baja que le ha llevado a aprender erróneamente que para encontrar el respeto y aceptación de sus iguales debe llevar a cabo conductas disruptivas.

Por ello, es clave descubrir el inicio del problema para poder actuar sobre él cuanto antes y comenzar a reforzar positivamente las buenas conductas, valorando sus capacidades intelectuales y su esfuerzo y castigando aquellas conductas que sean inapropiadas.

¿QUÉ PODEMOS HACER SI NUESTRO HIJO MUESTRA UNA RESISTENCIA ANTE LOS ESTUDIOS?

Lo primero que debemos entender es que seguramente esa resistencia pueda ser debido a una baja motivación fruto de una serie de experiencias negativas relacionadas con los estudios. Como hemos comentado en varias entradas anteriores, en muchas ocasiones nos encontramos a chicos y chicas que se han esforzado por conseguir los objetivos pero que ante una falta de técnicas eficaces, ese estudio no ha sido todo lo eficaz que debería no habiendo optimizado el tiempo y cosechando resultados negativos lo que les invitan a tirar la toalla.

Deben entender que no han estado estudiando con las técnicas más efectivas para ellos. Aprender a secuenciar la información, a elaborar por escrito para mejorar la comprensión e interiorización de los contenidos se antoja necesario para ellos. Evidentemente, esto conlleva un trabajo extra que al principio no les resulta gratificante pero que cuando comienzan a obtener las notas acordes a su esfuerzo y dedicación, este hábito se ve reforzado, comprendiendo que resultado beneficioso para ellos.

Por otro lado, resulta fundamental reforzar el esfuerzo, tan necesario para mantener su motivación. A veces nos centramos tanto en las notas objetivas que olvidamos la entrega y la dedicación que ponen para conseguirlo. La mayor parte de los niños, sobre todo en edades de Primaria, agradecen más el reconocimiento personal y el refuerzo social de un «muy bien hecho», «buen trabajo, sigue así», etc. que la propia nota a la que somos los propios adultos los que le otorgamos un mayor valor. Esta parte es importante no solo a tener en cuenta por el padre o la madre sino también por parte del profesorado.

Otras estrategias que mejoren la motivación del niño/a pueden ser:

  • Dividir la tarea por partes y supervisar y felicitar por la realización de cada parte.
  • Al evaluar la tarea, resaltar siempre un par de cosas positivas.
  • Proponerle tareas significativas que le motive a buscar soluciones y le suponga un reto a su alcance.
  • Ayudar al niño a hacer una valoración más objetiva de sus errores sin hacerle sentir infravalorado y culpable.
  • Utilizar métodos que permitan ver sus avances (comparar un dictado con otro anterior, con cuadernos pasados, etc.)
  • Pedirle que revise sus trabajos antes de entregarlos para que corrija los posibles errores y para estimularle positivamente si no los hubiera.

En conclusión, entendemos que en muchas ocasiones, la situación se ha vuelto tan enrevesada que cuesta ver la luz del túnel, que cuesta ver las cualidades positivas de nuestro hijo, que nos induce incluso a pensar que no tiene solución, pero debemos comprender por qué se encuentran así, y comprenderles a ellos, pues en muchas ocasiones la lógica que les lleva a no querer esforzarse o a rendirse puede ser coherente, pero no por ello debemos dejar de luchar por que mejoren. Son niños con grandes aptitudes y con una gran afectividad a los cuales, las pequeñas frustraciones diarias les lleva a claudicar. Cambiar nuestro lenguaje en referencia a los estudios hacia un lenguaje más positivo, que les incentive y les motive es una buena estrategia que hay que poner en práctica. Hay que aprender a guiarles y a estimularles para que quieran mejorar y superarse.

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Este pasado fin de semana, como muchos ya sabéis, hemos estado en el 5º Congreso Nacional de TDAH celebrado en Barcelona. Para nosotros era un hecho muy especial, ya que sentimos que la invitación para el mismo y el permitirnos poder explicar ante tanta gente una pequeña parte de lo que trabajamos día a día, era una gran recompensa a todo el trabajo que estamos realizando.

Desde que empezamos a especializarnos sobre este trastorno ya hace algún tiempo, en alguna ocasión (sobre todo en el trato con centros educativos) nos hemos sentido un poco solos; y el poder ver como una gran cantidad de padres, madres y profesionales siguen la misma línea en otros lugares de España es reconfortante.

Hablando un poco del congreso, podemos decir que hemos tenido una mezcla de sensaciones pero por supuesto el enfoque que le damos a la iniciativa es muy positivo. Respecto a aspectos técnicos, quizás echamos de menos un discurso más orientado a soluciones en algunas presentaciones. Esto no es una crítica pero si pone de manifiesto la dificultad y ambigüedad del trastorno que, como muchas veces hemos comentado, no tiene soluciones específicas porque «cada TDAH es único».

No obstante, en la mayoría de ponencias se podían apreciar distintos enfoques y sobre todo la dedicación de todos estos/as profesionales en su día a día para luchar por este trastorno.

Un aspecto que nos llamó la atención y que estamos pensando en incorporar a nuestras sesiones es la importancia de un trabajo combinado con los hermanos de los niños TDAH, a los que muchas veces se les catalogó como «los verdaderos perjudicados de este trastorno». No creemos que esta afirmación sea del todo real, pero es verdad que los hermanos de un niño/a afectado por TDAH tiene unas preocupaciones, responsabilidades y situaciones que en la mayoría de veces no son agradables y que no deberían porque vivir.

También nos alegró ver como la mayoría de madres y padres mantenéis una lucha incansable y todo son iniciativas y propuestas para que la sociedad se entere de que este trastorno «invisible» es real.

Respecto al apartado escolar, el ambiente que se vivía era muy negativo. Nosotros no creemos que sea así pero si es cierto que algunos profesores se deben alejar de la figura diagnóstica (tu hijo/a se mueve mucho, no presta atención, no apunta en la agenda,etc) y deben ser los primeros en aportar o dejarse orientar en soluciones efectivas.

Por último, y recordando antiguas publicaciones, nos quedamos con la parte destinada a resaltar las cualidades positivas de muchos niños/as afectados por TDAH donde, su mentalidad creativa, excesiva inocencia y comportamiento totalmente transparente, a muchos en el día a día, nos despiertan una sonrisa y nos hacen saber que son especiales y que debemos luchar por ellos.

Muchas gracias por dedicar este rato a leernos.
Un saludo,
Equipo de Educ-at.

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Llega el boletín de notas del segundo trimestre. No puede ser. He suspendido otra vez matemáticas, lengua, naturales, sociales… Ya no se qué hacer. Yo me esfuerzo, lo prometo. No soy capaz. ¿Qué más puedo hacer? No quiero repetir. ¿Para qué esforzarme si luego suspendo igual? Ya no se qué hacer. Mis padres me van a matar…

Hace unas semanas los niños empezaron el tercer trimestre en el que se puede ver cada vez más cerca el final del curso. Aquellos niños cuyas notas del segundo trimestre no fueron todo lo buenas como hubieran deseado, comienzan este trimestre con una carga de estrés adicional que les puede provocar un descenso en la autoestima y la motivación, apareciendo pensamientos tan dañinos como los del caso anterior y provocando que acaben tirando la toalla.

Por desgracia esta es una situación que más de un padre y madre con un hijo de TDAH habrá vivido. Vemos como nuestro hijo se esfuerza, seguramente más que el resto de sus compañeros, se tira horas delante de los libros y apuntes, pero llega la hora de las notas y es otro varapalo. Corremos el peligro de que surja un pensamiento tan simple como lógico: “Si estudio 4 horas y saco un 4, si estudio 0 horas, sacaré un 0. Da igual, al final son dos suspensos iguales”.

¿Y QUÉ PODEMOS HACER?

Lo primero que tenemos que hacer es ayudarles a recuperar el ánimo. Este trimestre que acaba de entrar es el más importante. Aunque desde el principio del curso se hace hincapié en la importancia de trabajar todo el curso, es el tercer trimestre cuando se decide todo. Por ello, debemos subir su estado anímico y alentar su esfuerzo.

En el aprendizaje intervienen muchos procesos cognitivos: inteligencia, memoria, atención y percepción principalmente. Estos niños presentan dificultades en el apartado de la atención el cual se puede compensar con una serie de técnicas de estudio eficaces. Por lo tanto, debemos recordar que el TDAH no es un problema de inteligencia, no es que nuestro hijo o hija no pueda, sino que es posible que no disponga de los procedimientos más beneficiosos para ellos y su esfuerzo no se vea recompensado.

Nuestra experiencia nos dice que son niños que se esfuerzan más y es una lástima que dicho esfuerzo quede oculto. Si queremos que nos hagan una bonita casa de madera, ofrecerles un buen martillo, unos buenos clavos y un espacio adecuado para su realización se antoja fundamental. En cambio, si solo disponen de una piedra y unos cuantos palillos, por mucha destreza que tengan y por mucho que se esfuercen el resultado no será el mismo.

Somos conscientes de que estos métodos deberían enseñarse en los colegios, destinar un espacio de su tiempo en enseñar unos hábitos y unas buenas técnicas de estudio. Los niños con TDAH no pueden estudiar leyendo y repitiendo solamente. Enseñarles pautas para comprender un texto, subrayar, resumirlo y elaborar y secuenciar la información por medio de esquemas les ayudará a interiorizar mejor los contenidos, a ser más autónomos y más competentes. No queremos solo niños con grandes conocimientos, sino también que dispongan de unas buenas herramientas y unas buenas competencias que les motiven y potencien un buen desarrollo personal.

En conclusión, no desesperéis y no perdamos la confianza en ellos. El curso no ha terminado. Animarles e incitarles a seguir esforzándose, a seguir intentándolo. No deben caer en la apatía, ni pensar que no pueden afrontar sus demandas escolares. Ofrezcámosles métodos y recursos que les sean útiles y les ayuden a demostrar todo su potencial académico. Que no pierdan la voluntad.

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